Leamos Juan 1:1-14. Reflexiona, leyendo nuevamente el versículo 14.
«Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.»
¿Alguna vez has pensado en dejar voluntariamente tus comodidades, tus propias metas y propósitos, a fin de tomar incomodidad, sufrimientos, limitaciones, escasez, debilidades, ser vulnerable, por el bien de otro? Nos cuesta mucho! ¿cierto? Nos es tan difícil salir de nuestros pequeños «mundos» a los que nos aferramos con las comodidades que hayamos alcanzado, que no pensamos en abandonar todo ello por el bien alguien más que no sea nosotros mismos. En el v.14 estamos ante la transformación más sorprendente e incomprensible de todo el universo: La Palabra, el Verbo por el cual todo fue hecho y todo se sostiene, deja todo el honor, gloria y comodidad de la eternidad para vestirse de fragilidad, transitoriedad y limitaciones humanas. Es esto lo que nos dice la Escritura: que Cristo Jesús siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Fil.2:8-9) La humillación del Señor fue tomar las limitaciones, sufrimientos y transitoriedad de los hombres, lo cual es un gran sacrificio si recordamos que lo hizo Aquel dueño de todo que lo tiene todo. Pero para que tú y yo podamos hoy disfrutar de tener comunión, una íntima relación con ÉL, lo hizo!! Esto debe movernos también a presentar el evangelio a otros. A sacrificarnos para que otros sean salvados, así como Cristo lo hizo! Ora al Señor para que te ayude a no aferrarte a tu «mundo» sino a mostrar en ti una disposición semejante a la de Cristo.
Fraternalmente,
P. Juan
