Lucas 2:15-21a
15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho. 21 Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, …
Una de las primeras cosas que hago todos los días al levantarme, es poner a calentar agua para un cafe. Si, es cierto, esto no parece muy espiritual para un devocional. Seguro sabes que cuando el agua llega a unos 85 grados centígrados queda en estado de ebullición. (Es decir: cuando vemos el borboteo, o burbujas y el agua debido al calor no puede quedarse quieta y se oye en la casa: «Ya está hirviendo el agua».) Esto puede ayudarme a ilustrar el estado en el cual cada creyente debería vivir: en estado de ebullición.
Miremos el verso 16 «Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre» La biblia de las Américas dice: «Fueron a toda prisa». Es evidente la urgencia en los pastores por ver lo sucedido allí. Y no solo esto, el verso 17 dice: «Y al verlo» mientras miraban allí al niño del cielo, «dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño». ¿Qué dieron a conocer? mira el verso 11: que aquel niño en el pesebre es el Salvador, es el Ungido o el Cristo el Mesías, el Enviado de Dios para Salvar, pero que además Él es el Señor!.
La visita del Señor a estos pastores sin estudio ni capacitación y del campo, los transformó de manera tal que ahora no pueden callar el mensaje que han recibido. Ellos tienen que darlo a «toda prisa», ellos quedaron en estado de ebullición, sus corazones efervescentes por las palabras de Dios no pueden callarse!.
Cuando el cristiano recibe cada día el mensaje de Dios que le recuerda Su salvación, no puede callarse, necesita decirlo, naturalmente lo hará sin que nadie se lo pida. La Palabra tiene el efecto de hacer arder el corazón del creyente. Cuando oramos antes de leer la Palabra, no solo pedimos que el Espíritu Santo nos de su luz para entender el mensaje, sino también que con su luz haga arder nuestro corazón, que su luz nos de calor al corazón (como el sol), así como ardieron los corazones de los discípulos en el camino de Emaús cuando Jesús les abría(explicaba) las Escrituras (Lucas 24:32).
Roguemos al Señor que cada día ponga en nosotros aquella prisa de los pastores, que haga arder nuestro corazón con su Palabra, de tal modo que, aun sin ser los más entrenados o capacitados para la tarea, emprendamos la misión de Dios de proclamar que Cristo es el Salvador y no solo esto sino también que Cristo es el Señor! El Señor te guarde para Su gloria,
Fraternalmente,
P. Juan
