Muchos disfrutan viajar. Conocer nuevos lugares, otras costumbres y culturas, aprender cultura general, disfrutar de platos con sabores desconocidos, tomar una buena fotografía, etc. Creo que eso esta bien. Sin embargo hay un viaje que todos transitamos sin necesidad de hacer grandes planes o pagar los mejores cruceros, de hecho es “gratis”, …y es el viaje de la vida.
Todos los que habitamos esta tierra, ya sea que salgamos o no de casa, siempre estamos de viaje, somos en algún sentido peregrinos. Por ello, la Palabra de Dios nos llama una y otra vez a buscar la sabiduría, mientras transitamos por esta vida.
La Biblia dice:
“Sólo Dios puede hacerte sabio; sólo Dios puede darte conocimiento. Dios ayuda y protege a quienes son honrados y siempre hacen lo bueno. Dios cuida y protege a quienes siempre lo obedecen y se preocupan por el débil. Sólo él te hará entender lo que es bueno y justo, y lo que es siempre tratar a todos por igual.” (Proverbios 2:6-9 – TLA)
Pero ¿de qué me sirve la sabiduría en esta vida?
Si lo notas, el escritor de este proverbio, consideraba la vida como un viaje. Dice que sólo en Dios está la sabiduría. Que Dios ayudará a los que se conducen honestamente haciendo lo que es bueno. La protección divina estará sobre los que le obedecen y transitan esta vida pensando más en los demás, que en ellos mismos. Dios puede hacernos entender lo que es ser verdaderamente equitativos mientras caminamos por buen camino. Para todo esto nos es útil la sabiduría.
La sabiduría se traduce en obedecer a Dios. Sin embargo, en medio de las promesas de Dios para los que se conducen sabiamente y no de manera necia e indiferente, encontramos que Dios no promete que la sabiduría(obedecer a Dios) les librará del sufrimiento. Dios estará allí con los suyos, pero no siempre les librará del sufrir.
Y aunque la sabiduría no libre del sufrimiento, la tristeza o decepción en algún momento de este viaje, la sabiduría si me librará de sufrir por mi propia culpa. No se si te ha pasado y puedas recordar algún momento de tu vida dónde, por causa de no atender el consejo sabio de Dios en su Palabra, hayas tenido que asumir las malas consecuencias de tus actos. (¡A mi me ha pasado!)
Conducirnos conforme a lo que Dios espera de nosotros, no es ser mojigato o santurrón, eso se llama ser sabio. La cura para la necedad es atesorar la Palabra de Dios en el corazón y conducirnos en este viaje conforme a ella.
Si hemos de sufrir, que por lo menos no sea por nuestra propia culpa, necedad o falta de cordura; en cambio, si haciendo lo que es agradable a Dios padecemos, podremos esperar que Él será fiel en cumplir lo que ha prometido. La sabiduría (obedecer a Dios), me librará de padecer por mi propia culpa.
Fraternalmente,
P. Juan
