Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos! Las alabanzas de los niños de pecho son tu mejor defensa contra tus enemigos; ellas silencian a tus vengativos adversarios. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta? Salmo 8:1-4
La primera expresión de este salmo como también la última, declaran la gloria y majestad de Dios: Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! El salmista se deleita en ver cómo toda la creación declara que su Creador es el Dios de gloria!
Pero al salmista le sucede que al contemplar las obras de la creación como el firmamento con toda su extensión y las millares de estrellas y las galaxias obra de los dedos de Dios siendo una parte de la creación más desconocida para el hombre, se maravilla de saber que aún así piensa en nosotros los hombres!
Todo esto nos asombrará mucho más cuando recordamos que Dios no sólo pensó en nosotros los seres humanos aún teniendo a su servicio y para su gloria una creación tan sorprendente, sino que tomó la naturaleza humana para estar en medio de nosotros!
La venida de Cristo al mundo haciéndose semejante a los hombres, demuestra además que cuando Dios creó el mundo y a la humanidad ciertamente todo era buena en gran manera. Jesús hecho Hombre exalta la humanidad creada por Dios tal como fue al principio antes de que llegase el pecado.
Por tanto, lo más grande, lo más dignificante para la raza humana, es saber que el Dios creador de todo el universo, le complació tomar nuestra misma naturaleza para estar en medio nuestro y salvarnos!
¡Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Fraternalmente,
P. Juan
