¿A quién le gustaría que los demás le consideren un necio? Pienso que a ninguno. Todos esperamos ser conocidos como personas sabias, prudentes, que sabemos hacer y escoger lo mejor, y nunca ser señalados como personas necias.
En este tiempo que celebramos el nacimiento del Mesías, podemos recordar a aquellos hombres (que la tradición popular opina que fueron tres pero que la Biblia no lo dice) llamados los reyes magos o también los hombres sabios de oriente. De ellos, la Biblia nos dice:
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Mateo 2:11
Podemos ver aquí una demostración de la sabiduría de aquellos visitantes. Una prueba que podemos hacer a fin de saber si somos sabios o si por el contrario no lo somos.
Ante la llegada de tales sabios al lugar donde vivía el pequeño y santo Hijo de Dios, estos hombres respondieron con una conducta y actitud que dejó claro que ciertamente eran ellos unos hombres sabios. Ellos se postraron y adoraron a Jesús.
La sabiduría viene de Dios. No es una mera actividad o capacidad humana. Se requiere que Dios la de. De lo contrario, el hombre caminará siempre errante, en necedad y ceguera espiritual. Una persona sabia es aquella a la cual Dios mismo le ha abierto los ojos para reconocer en Jesús al Rey del mundo.
En la Escritura, una persona necia es aquella, entre otras cosas, que no reconoce el poder, la gloria y la majestad de Dios y por tanto se niega a adorarlo a Él por Jesucristo. Tal conducta es contraria a la sabiduría y traerá consecuencias aterradoras y eternas.
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, Romanos 1:21-22
Así que, la prueba es sencilla: Ante Jesús ¿te postras y lo adoras como lo que Él es: Dios, el Rey, el Mesías? Si es así, eso es ser sabio! Glorifica a Dios porque te ha abierto los ojos para ver en Jesús al Salvador del mundo!
Fraternalmente,
P. Juan
