ANCIANO OBISPO DE ESMIRNA
Policarpo era cristiano desde niño, pero los romanos no llegaron a matarlo hasta que tenía más de ochenta años. Sea cual sea la razón del retraso, sigue siendo el primer martirio registrado en la historia eclesiástica posterior al Nuevo Testamento.
Inculto pero directo
Vivió durante la época más formativa de la Iglesia, al final de la era de los apóstoles originales, cuando la Iglesia estaba haciendo la transición crítica a la segunda generación de creyentes. La tradición cuenta que fue discipulado personalmente por el apóstol Juan y que fue nombrado obispo de Esmirna (en la actual Izmir, Turquía) por algunos de los apóstoles originales.
En sus últimos años, trató de resolver disputas sobre la fecha de celebración de la Pascua y se enfrentó a uno de los herejes más problemáticos de la Iglesia, el gnóstico Marción, llamándole «primogénito de Satanás», cuando se topó con él en Roma. Policarpo también fue responsable de convertir a muchos del gnosticismo. Su único escrito existente, una carta pastoral a la iglesia de Filipos, muestra que tenía poca educación formal y que era poco pretencioso, humilde y directo.
Estos rasgos son especialmente evidentes en el relato de su martirio, que fue escrito un año después de su muerte. No se sabe con exactitud por qué fue arrestado de repente, a los 86 años, pero cuando se enteró de que los oficiales romanos querían detenerle, decidió esperarles en casa. Sus amigos, presas del pánico, le suplicaron que huyera, así que, para calmarlos, finalmente accedió a retirarse a una pequeña finca a las afueras de la ciudad. Pero mientras oraba allí, recibió una especie de visión. Lo que vio u oyó, no lo sabemos. Simplemente informó a sus amigos que ahora entendía: «Debo ser quemado vivo».
Los soldados romanos finalmente descubrieron el paradero de Policarpo y llegaron a su puerta. Cuando sus amigos le instaron a huir, Policarpo respondió: «Hágase la voluntad de Dios», y dejó entrar a los soldados.
Le escoltaron hasta el procónsul local, Estacio Cuadrato, que le interrogó ante una multitud de curiosos. Policarpo no pareció inmutarse por el interrogatorio; mantuvo un diálogo ingenioso con Cuadrato hasta que éste perdió los estribos y amenazó a Policarpo: lo arrojarían a las fieras, lo quemarían en la hoguera. Policarpo se limitó a decir a Cuadrato que mientras el fuego del procónsul dura poco, el fuego del juicio («reservado a los impíos», añadió socarronamente) no puede apagarse. Policarpo concluyó: «Pero, ¿por qué te demoras? Venid, haced lo que queráis».
Los soldados lo agarraron entonces para clavarlo en una estaca, pero Policarpo los detuvo: «Dejadme como estoy. Pues quien me concede soportar el fuego me permitirá también permanecer en la pira impasible, sin la seguridad que deseáis de los clavos.» Oró en voz alta, se encendió el fuego y su carne se consumió. El cronista de este martirio dijo que «no fue como carne quemada, sino como pan cociéndose o como oro y plata refinados en un horno.»
El relato concluía diciendo que la muerte de Policarpo era recordada por «todo el mundo» – «incluso hablan de él los paganos en todas partes».
Sus últimas palabras se encuentran entre las más populares:
Traducido de: 131 Christians Everyone Should Know, Mark Galli & Ted Olsen
