Medita en Juan 1:1-14.
Dedicarnos esta semana al mismo texto, nos ayuda a apreciar la inmensidad y profundidad de la palabra. Como también esa fuente inagotable que ella es. Reflexiona sobre los versículos 12 y 13.
¿A quién no le gusta un buen regalo? ¿Cuál ha sido el regalo que mas alegría te produjo? Aún los que prefieren dar en vez de recibir, también ellos disfrutan cuando reciben un buen regalo. Pero ¿Cuál es el mejor regalo de todos?
Después de unas malas noticias en los versículos 10-11 (el rechazo de la Luz por parte de hombres en tinieblas), encontramos la mejor noticia: a pesar de la indiferencia a la Palabra, algunos creyeron! ¿A caso los que creyeron eran mejor que los demás? Juan 1:13 dice: «Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.» Según lo anterior es obra de Dios, no nuestra! Así que no es que fueran mejores, sino que Dios es muy compasivo y nos ha dado el mejor regalo: ser hechos hijos de Dios!
Nada mejor que esto: ser hijos de Dios! Pablo, el apóstol, oraba apasionadamente para que nosotros pudiésemos comprender lo que significa tener este regalo tan maravilloso, Mi oración, dijo Pablo, es «Que [Dios] les llene de luz los ojos del corazón para que conozcan cuál es la esperanza a la que los llama, qué inmensa es la gloria que ofrece en herencia a su pueblo y qué formidable la potencia que despliega en favor de nosotros los creyentes,» Ef. 1:18-19. El Señor desea que cada día sus hijos, nos deleitemos en la segura esperanza que nos ha sido dada.
Apresúrate cada día a venir ante su Palabra para gozarte de la herencia en el cielo que tenemos en Cristo Jesús. Ore al Señor y alábelo por tan maravilloso regalo de amor. De gracias porque Él hizo resplandecer su Luz sobre nosotros al entregarnos a su Hijo, el Verbo, la Palabra! Definitivamente, Jesús es el mejor regalo, pues gracias a ÉL, ahora somos hijos de Dios!
Fraternalmente,
P. Juan
