1 Tesalonicenses 4:3a “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…”
En un matrimonio que camina/busca la santidad, el esposo sabio y la esposa sabia:
Lidian con el Pecado. Parte 1.
Hermanos: Euro José Alfaro y Jemny Romero
A lo largo de nuestra vida cristiana, hay un cada vez mayor peso de lucha contra el pecado, para poder crecer en santidad. Esta lucha o repudio, está vinculada al conocimiento del Dios tres veces Santo, y al conocimiento de quienes somos y como somos realmente.
- ¿Cómo somos nosotros?
1.1. ¿Cómo somos los esposos, según el modelo de Dios?.
1.2. ¿ Cómo somos los esposos, según el modelo de Dios?
Cuando leemos una y otra vez las Escrituras acerca del modelo o estándar de Dios para el matrimonio, recordamos y entendemos su mandato en Efesios 5:21 en adelante:
– El orden de Dios para el esposo es Amar, como Cristo, con amor sacrificial y purificador.
– El orden de Dios para la esposa es Respetar y Sujetarse, como la Iglesia a su salvador.
– El parámetro que regula nuestra función, es el Amor.
¿Nos vemos así, conforme al modelo de Dios?. Sabemos que la respuesta es No.
Porque también encontramos varios impedimentos u obstáculos, que nos impiden alcanzar este modelo. A estos le conocemos como PECADO.
- ¿Qué nos dice Dios en su Palabra respecto a esto?
2.1. Recordemos lo que hemos aprendido.
En los deberes que preservan el matrimonio, uno de los puntos estudiados consiste en “Corregirnos el uno al otro humildemente” (Mateo 5:5), porque:
– Cada cónyuge ve el pecado del otro (y es mas afectado), que cualquier otra persona.
– La unión “hasta que la muerte nos separe”, nos ata de tal forma que podemos observar lo peor del otro, produciendo en nosotros un efecto.
– La corrección con mansedumbre es beneficiosa en la relación matrimonial.
Leer: Rom 7:14-23, Rom 8:12-13, Rom 8:6-8; Prov. 16;16
En función de ésto:
2.2. Cada uno debe hacer morir (mortificar) su pecado (lidiar sabiamente con él).
En otras palabras, mortificar el pecado es una muestra de obediencia a Dios. Es una actitud de confesión y arrepentimiento. Leer Colosenses 3:1-17 y Colosenses 4:5-6.
Una característica del creyente verdadero, es que aún cuando pecamos, nos diferencia de los no salvados es que odiamos nuestro pecado. Esto nos debe llevar a resolver la procurar el aplicar principios que regulen nuestro entendimiento del pecado.
- Principios que debemos tomar en relación al pecado:
3.1. Entender que en el evangelio somos nuevas criaturas en Dios.
Disfrutamos de una nueva identidad en Cristo, por tanto somos ex-(ladrones, mentirosos,adúlteros, blasfemos,..etc.). Esto lo entendemos al llenarnos de las escrituras.
Leer 2 Corintios 5:17
3.2. Descansar en esa verdad (somos nuevas criaturas).
Al considerar esta verdad en nuestra nueva vida, debemos pensar con detenimiento para actuar conforme a la identidad que gozamos. No puede haber inconsistencias.
Leer Efesios 4:1
3.3. Luchar contra el pecado en toda extensión de nuestra vida.
Somos cristianos a tiempo completo y bajo cualquier circunstancia, no solamente en la iglesia sino también en nuestras actividades cotidiana. Entendiendo esto, podemos ver que el pecado afecta cada entorno en que vivimos (familiar, laboral, académico, eclesiástico, etc.)
3.4. Llamar al pecado como Dios lo llama.
Debemos desenmascarar al pecado, ya que es una falta atroz contra Dios. Por tanto debemos llamarlo como Dios lo llama (deseos de la carne):
Ambición (codicia), desorden de prioridades (idolatría), amor propio (orgullo o soberbia), ocultar parte de la verdad (mentir), tentación sexual (lujuria o inmoralidad), entre otros.
No puede existir condescendencia con un pecado en nuestra vida, porque con seguridad nos llevará a otro.
Leer Gálatas 5:17-21.
3.5. Volver a la Cruz, a los pies de Cristo.
Sentir vergüenza, tristeza y pedir perdón. Es arrepentimiento.
Leer 1 Juan 1:9
3.6. Resuelve tu obediencia a Dios, dependiendo de Él.
Rehusarse a pecar por las razones justas, no por razón de la ley (castigo), sino por temor al Dios autor de la ley, que nos dio el evangelio (gracia).
Leer Colosenses 4:2
- ¿Cómo lo hacemos?
Dependiendo de la Palabra de Dios, en oración, apartándonos realmente de aquello a lo que nuestro corazón se incline (concupiscencia).
- ¿Cómo me ayuda mi cónyuge?
Mi cónyuge me ayuda a ver algo en mi vida, que no está en sintonía con la Palabra de Dios. ¡Alabado sea Dios por eso!
- ¿Qué concluimos?
- Nuestro crecimiento espiritual es en incremento, en la medida en que entendemos mas y mas la Santidad de Dios y nuestra falta de santidad verdadera, haciéndonos entender que necesitamos de Él.
- Nuestros deseos de la carne combaten “ferozmente” contra lo que Dios nos manda a ser como cristianos.
- Mortificamos nuestro pecado examinando nuestro corazón, mente y vida (privada y pública) a la luz de la Palabra de Dios, y con la convicción de que el Espíritu Santo nos lleva a toda verdad conforme a las Escrituras.
- Cuando nuestro cónyuge nos ayuda a darnos cuenta de que algo en nuestra vida no está conforme a la Palabra y los mandamientos de Dios, entonces nos está apoyando para mortificar el pecado.
