Tesalonicenses 4:3a “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…”
Hermanos: Euro José Alfaro y Jemny Romero
Al recordar lo necesario que estamos de sabiduría de Dios para tratar a nuestro cónyuge, mediante su Palabra nuestro Dios nos hace cuestionar la motivación del corazón, las intenciones y la importancia que toma esto en el matrimonio.
Estudiamos en la reunión anterior, la necesidad de lidiar o “mortificar el pecado de que hay en mi” para crecer en santidad. Esa tarea es requerida para el esposo y para la esposa por igual. Y es solo con las Escrituras que podemos ver en nosotros, aquello que estorba a la obra de Dios en nuestras vidas, es decir, el pecado.
Concluimos que el esposo y la esposa deben tratar con el pecado propio (es su relación con Dios) y con el pecado de su cónyuge (Colosenses 1:28-29).
Con esto en mente, podemos parafrasear el texto de Efesios 5 dirigido ambos cónyuges de esta forma:
“Esposos, amen a sus esposas tomando en serio su pureza. Esfuércense por mantener esa virtud en ellas, haciendo todo lo posible porque su esposa se santifique. Provean de todos los medios necesarios y procuren influenciarlas para que sean ambos santos. Porque el esposo es como Cristo y la esposa, como la Iglesia”.
Siendo el esposo la imagen de Cristo, debe tratar con el pecado de su esposa con iniciativa.
Pero:
¿Cómo debe tratarse con el pecado del cónyuge?
En Mateo 18:15, el Señor instruye el como lidiar con el pecado del hermano:
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
Podemos aplicar esta enseñanza de la disciplina en la iglesia, a nuestro matrimonio, considerando que:
– No está hablando de que el esposo reclama impacientemente a su esposa por un pecado en ella (o viceversa). Está hablando de una conversación donde ambos se escuchen y donde se exhorte a la manera de Dios, con las palabras de Dios y con el Amor de Dios.
¿Nos vemos así en cada pecado particular que abordamos en el matrimonio?
– No está haciendo mención de una lista de quejas e inconformidades a tratar, tampoco de un recuerdo de faltas o pecados pasados.
¿Sacamos a relucir faltas o pecados pasados “ya perdonados” en nuestras diferencias?
– No promueve la “búsqueda” de pecados en el cónyuge, pues eso no es propio de los hijos de Dios
El esposo y la esposa, debemos entender de lo que si se trata lidiar con el pecado del otro:
Se trata de restaurar- Leer Gálatas 6:1a, Hebreos 10:24, Génesis 2:24.
– De considerarse a si mismo,
– De comprenderse, porque ya no son mas dos sino una sola carne.
Se trata de ayudarse a reconocer la necesidad de abandonar el pecado- Leer Prov 27:5´6.
– Yo no soy Juez, Yo no soy Dios.
– Yo soy un pecador.
Se trata de edificación mutua- Leer Gálatas 6:1b
– Es por su bien.
– Es por nuestro bien.
Se trata de Ser Oportunos:
– En el mejor momento, a solas.
– No hijos presentes, padres ni familiares.
– No apresuradamente.
– No sin orar previamente.
Se trata de Ser Sabios. Leer 1Pedro 3:7 y Efesios 5:33b.
– No recriminar.
– No fijarse en las imperfecciones que tenemos.
– Tener certeza que el tema a tratar evidentemente es un pecado.
– Evitar que el pecado se convierta en un hábito.
– Tomar tiempo para avanzar en el asunto.
Se trata de dar Gloria a Dios. Leer 1Pedro 3:7 y Efesios 5:33b.
– En mi vida.
– En mi matrimonio.
Oremos por este motivo: “que el Señor Jesucristo, en su inmensa misericordia con que nos ha amado y nos perdona una y otra vez por las ofensas a Él, nos ayude a crecer en sabiduría para lidiar correctamente con el pecado de nuestro cónyuge, siendo sólo Él glorificado”.
