EL PODER DE DIOS
Sal 62:11-12
Maestro: Óscar Mauricio Cordoba
Tomado del libro : «Los atributos de Dios» de Arthur Pink.
“La ciencia más elevada, la especulación más encumbrada, la filosofía más vigorosa que puedan jamás ocupar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos y la existencia de ese gran Dios a quien llaman Padre”. J Packer.
Sigamos pues con el favor del Santo Espíritu, deleitándonos en el conocimiento inagotable de nuestro Señor, lo cual fortalece nuestro caminar tras las pisadas del cordero llevándonos a la santidad.
¿Qué es poder?
Meditemos por un instante que respuesta daríamos a esta pregunta. En un mundo con criaturas imperfectas deseosas de poder, un mundo donde algunas de ellas piensan en sus mentes limitadas y rebeldes que lo han alcanzado. Un diccionario de la lengua española nos definiría poder, como tener la capacidad o facultad de hacer determinada cosa. Determinadas cosas, pero determinadas cosas que pensamos podemos hacer están controladas por la soberanía infinita del Dios de la Escritura.
I. Estableciendo un concepto correcto del poder de Dios.
No podemos tener una concepción correcta de Dios a menos que pensemos de Él como todo poderoso, y también como teniendo total sabiduría. Esta verdad es innegable cuando vamos a la Escritura por el poder del Espíritu Santo. La biblia nos muestra a un Dios omnipotente, con el poder no solo de hacer determinadas cosas, si no con el poder absoluto de hacer todo lo que ha determinado en sus decretos eternos sin que haya nada ni nadie que lo pueda detener. “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11). el poder de Dios es la facultad y la virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo aquello que quiere, todo lo que le dicta su sabiduría infinita, todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina. Así como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su poder es el que da vida y acción a todas las perfecciones de la naturaleza divina. Los consejos eternos serían vanos si el poder no interviniera para cumplirlos. Sin su poder, su misericordia no sería más que una débil lástima, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas. El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable; no puede ser contenido, limitado ni frustrado por el ser humano.
II. El poder de Dios en la creación del universo (Sal. 89:11-12).
Dios no necesita nada más que su sola palabra con la cual creó de la nada el universo, algo que para nosotros es incomprensible. Pero Dios «dijo, y fue hecho; él mandó y existió» (Sal.33:9). El primer capítulo del Génesis repite hasta nueve veces el mandato divino «y dijo Dios… y fue así. La obra imponente de la creación universal emergió de la nada, un «simple» mandato lo consumó. Allí apareció el hermoso edificio del universo adornado con todo su esplendor, mientras los serafines alababan a Dios por todas las perfecciones del Todopoderoso Creador: «por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca» (Sal. 33:6).
III. El poder de Dios en sostener el universo (He.1:3).
Ningún ser humano tiene poder para conservarse a sí mismo por más esfuerzos que haga la medicina, con la esperanza de algunos en la hibernación por congelación, pero a lo más que se ha llegado es a conservar un cadáver como el de Lenin, aunque no por sí mismo. Si no hubiera hierbas comestibles, tanto los hombres como las bestias morirían, y si la tierra no fuera regada por la lluvia fertilizadora, las hierbas se marchitarían mucho antes de cumplir con su ciclo vital. Por tanto, solamente el Dios Todopoderoso tiene la facultad de conservar al hombre y al animal a lo largo de su existencia (Sal. 36:6). Dios es el que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, lo que llamamos la gracia común que otorga a todas sus criaturas.
IV. El poder de Dios en sus juicios (Ap. 15).
Cuando Dios decide juzgar al mundo no hay poder humano que le pueda resistir. No solamente en relación al juicio final en que los redimidos cantan alabanzas a Dios una vez ha pasado y se ha consumado todo, sino en los juicios que Dios ha enviado a este mundo y que vienen a anticipar lo que será el gran juicio que todavía espera a la humanidad. Pongamos como ejemplo el diluvio universal, por tratarse de un juicio que ya tuvo lugar y que se describe como ya efectuado, sin que esto signifique que el que tiene que venir no vaya a ser tan verdadero como el otro. Dios abrió las ventanas del cielo y rompió las fuentes del abismo y toda la raza humana a excepción de las ocho personas que estaban en el arca fue arrastrada impotente ante el temporal de la ira divina. Con una lluvia de fuego y azufre, Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra que vivían confiadas en el valle del Jordán. Más adelante, Dios destruyó todo el ejército del Faraón cuando cruzaban el mar Rojo, viéndose impotentes cuando decidió cerrar las aguas que habían permitido el paso del pueblo de Israel en su marcha hacia la tierra prometida. Todos estos son hechos poderosos de Dios juzgando a una humanidad corrompida. Al final de todo, el juicio de Dios caerá también sobre aquellos que no han confiado en Cristo para salvación, (Mt. 5:21-22).
Conclusiones:
❖ La Omnipotencia de Dios es un atributo que nos debe llevar a temblar ante su presencia, porque tratar con desdén a quien puede condenamos con su sola palabra es una conducta suicida. Desafiar al Omnipotente cuando tiene la facultad de arrojar al infierno a todo el que no se acoge a la obra de Cristo es el colmo de la locura.
❖ ¡La Omnipotencia de Dios nos conduce a adorarle, porque si los hombres “poderosos” reclaman para sí pleitesía! cuánto más debería llenarnos de reverencia el poder del Todopoderoso.
❖ Su Omnipotencia de Dios nos lleva a confiar en El.
❖ Hay cosas que el Todopoderoso no puede hacer: mentir, pecar, cambiar, negarse a sí mismo. No lo hace porque no pueda, sino porque su poder no puede divorciarse de sus perfecciones divinas.
