El amor de Dios
Maestro : Óscar Mauricio Córdoba
S. Juan 3:16 RVR1960 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Introducción
Ahora estaremos aprendiendo sobre este atributo maravilloso que es «El Amor de Dios», aunque también mal utilizado, ya que muchas veces se predica como si Dios fuera sólo amor, y debemos entender a Dios como un TODO, un Dios completo, es necesario entender que si predicamos a un Dios sólo de amor, estamos entregando un mensaje cojo, sin equilibrio, justamente las falsas doctrinas parten por dar énfasis a un atributo de Dios o a un versículo Bíblico sacado de contexto, pero debemos predicar Todo el consejo de Dios.
La naturaleza de Dios
En las Sagradas Escrituras se nos dicen tres cosas acerca de la naturaleza de Dios.
1. “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Por ser “Espíritu” no tiene sustancia visible, es incorpóreo. Si Dios tuviera un cuerpo tangible, no sería omnipresente, y estaría limitado a un lugar; al ser “Espíritu” llena los cielos y la tierra.
2. “Dios es luz” (1ª Juan 1:5) lo cual es lo opuesto a las tinieblas. Las tinieblas, en las Escrituras, representan el pecado, el mal, la muerte; la luz representa la santidad, la bondad, la vida. Que “Dios es luz” significa que es la suma de todas las excelencias
3. “Dios es amor” (1ª Juan 4:8). No es simplemente que Dios “ama”, sino que su misma esencia es Amor, él mismo es El Amor verdadero, El amor no es simplemente uno de sus atributos, es su misma naturaleza. Muchos hoy en día hablan del amor de Dios, pero son ajenos por completo al Dios de amor. El amor divino es considerado comúnmente como una especie de debilidad afectuosa y cariñosa; es reducido a un simple sentimiento copiado de las emociones humanas. Pero nuestras ideas deben ser reguladas de acuerdo con la Biblia. Cuanto mejor conozcamos su amor, carácter, plenitud, más se sentirán atraídos nuestros corazones hacia Él en amor.
Aspectos del Amor de Dios
1. El amor de Dios no está influenciado. Con esto, queremos decir que no había nada en los objetos de su amor que movieran a Dios a amarlos, no existía nada en la criatura que lo atrajera o lo impulsara a amarlos. El amor de Dios es libre, espontáneo, no causado. ( Dt 7:7-8; 2Ti 1:9; 1Jn 4:19).
2. El amor de Dios es eterno. Esto es así necesariamente. Dios mismo es eterno y Dios es amor; por lo tanto, como Dios mismo no tuvo principio, su amor tampoco lo tuvo. Qué bendición es saber que el gran y santo Dios, amaba a su pueblo antes de que el cielo y la tierra fueran llamados a la existencia, que había puesto su corazón sobre ellos desde toda la eternidad ( Ef 1:4-5; Jer 31; 3).
3. El amor de Dios es soberano. Dios mismo es soberano, no está bajo obligaciones de nadie, es ley en Sí mismo, actuando siempre de acuerdo con su propia voluntad soberana. Dado que Dios es soberano y dado que Él es amor, necesariamente se concluye que su amor es soberano (Rom 9:13).
4. El amor de Dios es inmutable. Como en Dios mismo “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg 1:17), tampoco su amor conoce cambio o disminución. El gusano de Jacob proporciona un ejemplo contundente de esto: “A Jacob amé”, declaró Jehová y, a pesar de toda su incredulidad y rebeldía, nunca dejó de amarlo (Rom 8:35).
5. El amor de Dios es santo. El amor de Dios no está regulado por el capricho, la pasión o el sentimiento, sino por principios. Su amor es puro, sin ninguna mezcla con algún sentimentalismo exagerado (1 Jn. 1:5; 1 Jn. 4:8; He. 12:6).
6. El amor de Dios es lleno de gracia. El amor y el favor de Dios son inseparables (8:32-39). El significado de ese amor, del cual nunca podrán “separarnos”, se percibe fácilmente desde el diseño y el alcance del contexto inmediato: Es esa buena voluntad y gracia de Dios lo que lo determinó a dar a su Hijo por los pecadores. Ese amor fue el poder que impulsó la encarnación de Cristo.
El amor de Dios hacia nosotros (Jn 3:16).
Hacia “nosotros” significa hacia su pueblo. su amor está reservado para sus elegidos.
El amor de Dios en Cristo (Ef 1:4,6; Col 3;3).
El principal designio de Dios es exaltar el amor de Dios en Cristo porque Él es el único canal a través del cual fluye. El Hijo no ha inducido al Padre a amar a su pueblo, sino que fue su amor por ellos lo que lo llevó a dar a su Hijo por ellos. Ralph Erskine dijo: “Dios ha usado una manera maravillosa de manifestar su amor. Para mostrar su poder, creó un mundo. Para mostrar su sabiduría, la puso en un marco que muestre su inmensidad. Para manifestar la grandeza y gloria de su nombre, Él hizo un cielo, y puso ángeles y arcángeles, principados y potestades en él. Para manifestar su amor, ¿qué no hizo? Dios ha usado una grandiosa y maravillosa manera de manifestarlo en Cristo: Su persona, su sangre, su muerte y su justicia”.
El amor de Dios hacia los santos
Nada emociona tanto el corazón de los santos como una contemplación espiritual del amor de Dios. Mientras está meditando, él es elevado fuera y por encima de su miserable yo. Como Dios ama a su pueblo en Cristo, su amor no se regula por cuanto fruto lleven, sino que su amor siempre es el mismo. Como los ama en Cristo, el Padre los ama como a Cristo. Llegará el momento en que la oración de Cristo será respondida: “Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:23).
Las operaciones del amor de Dios
1. En la elección. “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu [su vivificación] y la fe en la verdad” (2 Ts. 2:13). Hay una conexión infalible entre el amor de Dios y su selección de aquellos que serían para salvación.
2. En la redención. Dios hizo provisión para que Cristo hiciese satisfacción por los pecados de su pueblo (1 Jn 4:10).
3. Llamamiento eficaz. El Padre envía al Espíritu Santo desde el Salvador que está sentado en el trono (Hch. 2:33). Después de haber amado a sus elegidos con un amor eterno, con tierna misericordia los atrae (Jer. 31:3), los levanta en novedad de vida, los llama de las tinieblas a su luz admirable y los convierte en sus hijos.
4. La sanidad de las rebeliones: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia” (Os. 14:4),
Conclusión:
Solo nos resta meditar, adorar y agradecer tanto amor de Dios para con nosotros sus hijos. Una aplicación es apenas necesaria para tal tema. Que el amor de Dios, diariamente, atraiga a tu mente mediante meditaciones devotas para que los afectos de tu corazón sean encaminados hacia Él.
