“Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.” Salmos 136:1
Maestro: Óscar Mauricio Córdoba.
Tomado del libro : «Los atributos de Dios» de Arthur Pink.
Introducción
En esta ocasión estaremos viendo la Bondad de Dios, otra perfección de Dios que nos enseñara un poco más de nuestro Señor. Sigamos pues con la ayuda del Santo Espíritu, deleitándonos en esta bienaventuranza dada por gracia de tener hambre y sed de justicia.
Quiero iniciar, si el Señor me lo permite, llevándolos a un interrogante, cuyo único propósito es darnos un concepto correcto del carácter de Dios y la imperfección nuestra, imperfección que nos lleva a la necesidad que tiene el hombre de Cristo. ¿Soy bueno?; ¿es Dios bueno?; ¿Qué respuestas daríamos a estas preguntas?
Demos una definición de bondad: “Bondad es la cualidad de bueno. Se identifica con la característica propia de las buenas personas. Es también la inclinación o tendencia natural a hacer el bien”.
Ahora, pensemos por un momento, ¿qué es ser bueno?
Un diccionario de la Real Academia nos definiría: que carece de maldad o malicia. Que es correcto. Al observar esto y conocer a Dios por la Escritura, el mismo Dios que me lleva a conocerme conforme a la Escritura, no dudaría ( creo que ningún cristiano con un conocimiento bíblico lo haria) en confesar: “Dios es bueno, y no solo eso, Dios es summum bonum, esto es, Dios es el bien supremo.
La Bondad de Dios
“Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1ra Juan 1:5). La perfección de la naturaleza de Dios es tan absoluta, que no hay nada en ella que sea incompleta o defectuosa, por lo tanto, Dios no puede mejorar ni se le puede añadir nada. Sólo Él es originalmente bueno, en sí mismo. Dios es infinitamente bueno; la bondad en la criatura es como una gota, en Dios es como un océano infinito. El es bueno eterna e inmutablemente, porque no puede ser menos bueno de lo que es. En Dios no cabe la suma ni la resta. Dios es “summum bonum”, el sumo bien. Dios es, no sólo el más grande de todos los seres sino también el mejor, eternamente bueno, incluso antes de ejercitar su bondad para con el hombre, él ya era bueno.
1.La Bondad de Dios en la creación.
Todo lo que emana de Dios -sus decretos, sus leyes, su providencia, la creación- no puede ser sino bueno, como está escrito: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Así, que, la bondad de Dios se revela, en primer lugar, en la creación. Incluso lo que nos parece sucio, también es bueno, por ejemplo, el polvo: ¿Sabías que sin el polvo no habría vida en la tierra? Sin la arena que llega del Sahara y de la Amazonía, el suelo estaría empobrecido y sin nutrientes, si el planeta estuviera completamente limpio, sería más húmedo y más caluroso, sin el polo tampoco habría nubes, porque el valor de agua de adhiere a la superficie de los granitos de polvo. (Fuente “Muy Interesante”)
2.La Bondad de Dios en la creación del ser humano.
Tomemos como ejemplo al hombre, la suprema entre las criaturas terrestres. Todo, en la Escritura de nuestros cuerpos, atestigua la bondad de su Creador. ¡Cuán adecuadas son las manos para llevar a cabo su trabajo! ¡Cuán benévolo al proveer de párpados y cejas a los ojos para su protección! Todo en el cuerpo humano es bueno, perfecto, pensado y bien diseñado, incluso las partes que a veces nos pareces “sucias”, feas o que nos dan escrúpulos, para Dios son perfectas y buenas.
3. La Bondad de Dios en la creación de las criaturas
Sin embargo, la bondad del creador no se limita al hombre, sino que es ejercitada para con todas las criaturas. “Los ojos de todos esperan en ti, y Tú les das su comida en su tiempo. Abres tu mano, y colmas de bendición a todo viviente” (Salmos 145:15,16). Dios ha hecho abundante provisión para suplir las necesidades de los pájaros del aire, los animales del bosque y los peces del mar. “El da mantenimiento a toda carne, porque para siempre es su misericordia” (Salmos 33:5). Verdaderamente, “de la misericordia de Jehová está llena la Tierra” (Salmos 136:25).
4.La bondad de Dios manifestada en su Hijo Jesucristo
La bondad de Dios apareció más gloriosa que nunca cuando “envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de qué recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4,5). Fue entonces cuando una multitud de las huestes celestes alabó a su Creador y dijo: “Gloria en las alturas a Dios y en la tierra paz, Buena voluntad para con los hombres” (Lucas 2:14).
¿Cómo responder a la Bondad de Dios? “
Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres” Salmos 107:8
La gratitud es la respuesta ante la bondad de Dios; la pregunta es ¿por qué si su bondad es tan constante y abundante, a menudo no somos tan agradecidos de la Bondad de Dios. A veces no valoramos la Bondad de Dios porque es ejercida hacia nosotros en el curso normal de los eventos. No es sentida porque la experimentamos diariamente.
“¿Menosprecias las riquezas de su benignidad?” (Romanos 2:4).
La bondad de Dios es la esencia de la confianza del creyente. Su bondad permanece para siempre, y, por ello nunca deberíamos desanimarnos: “Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (Nahum 1:7).
Cuando otros se portan mal con nosotros, ello debería llevarnos a dar gracias al Señor, porque él es bueno; y, cuando somos conscientes de estar lejos de ser buenos, deberíamos bendecirle más reverentemente, porque Él es bueno. No debemos permitirnos ni un momento de incredulidad acerca de la bondad de Dios; aunque todo lo demás sea puesto en duda, esto es absolutamente cierto: Jehová es bueno; sus privilegios pueden variar, pero su naturaleza es siempre la misma.
Doxología: “Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.” Salmo 119:68
