TEMA CENTRAL
Antes de que Jesús comenzara su ministerio terrenal fue bautizado por Juan el Bautista, quien fue el último profeta. Juan fue aquella voz en el desierto profetizada por Isaías que iba a preparar el camino al Salvador. Jesús, el Hijo Amado de Dios, Aquel en quien el Padre se complacía, era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
BASE BÍBLICA
Isaías 42:1; Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-13; Lucas 2:40, 52; Lucas 3:21,22; Juan 1:29-36
LECCIÓN BÍBLICA
Nuestra lección del domingo pasado nos ayudó a entender lo que hizo Dios por Su pueblo. Dios nos dio a Su propio Hijo, el cual es también Dios, y lo envió a la tierra para nacer como un Niño. Así que Jesús es completamente hombre y es completamente Dios. Jesús es la Persona más especial en todo el Universo, no hay nadie como Él, completamente hombre, completamente Dios. Siendo que Jesús es completamente un ser humano, hombre, que nació como un bebé, como nacimos tú y yo, Él también pasó por todas las cosas que pasamos nosotros cuando fuimos creciendo. Jesús también creció.
Lucas 2:40 “Y el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia
de Dios estaba sobre Él”.
Lucas 2:52 “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios
y los hombres”.
Eso es lo que dice la Biblia. Jesús no se quedó para siempre siendo un bebé acostado en un pesebre. Él era completamente hombre, así que creció. Jesús pasó por las mismas cosas que pasamos nosotros. Jesús tuvo que aprender a comer, a leer, a escribir. Jesús sentía hambre, sueño y cansancio. También se entristecía.
Cuando Jesús tenía más o menos 30 años, sabía que ya era el tiempo escogido por Dios para comenzar a hacer la tarea que el Padre le había encomendado. Lo primero que hizo fue ir al río Jordán donde Juan el Bautista estaba bautizando. Juan el Bautista había pasado ya un tiempo diciéndole al pueblo que debía arrepentirse de sus pecados porque ya el Salvador había venido y estaba entre ellos. Juan les decía que
debían bautizarse como una preparación para cuando llegara el Salvador que Dios había prometido y que ya había nacido y crecido.
Jesús fue hacia el río Jordán, donde Juan el Bautista estaba bautizando. Y cuando Juan lo vio venir dijo unas palabras extrañas pero muy importantes y llenas de significado: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Para nosotros suena un poco rara esta presentación, ¿verdad? Pero no era raro.
Cuando Adán y Eva, los primeros seres humanos que Dios creó, pecaron y ofendieron a Dios con su desobediencia; Dios sacrificó unos corderos inocentes para que sustituyeran a Adán y Eva y con sus pieles les hizo túnicas para cubrirlos. Este sacrificio fue la manera como Dios mostró misericordia con estos pecadores de modo que sus pecados fueran cubiertos. Dios proveyó esta manera para cubrir sus pecados.
Durante muchísimos años, antes de que viniera el Salvador que Dios les prometió que vendría, los seres humanos tuvieron que sacrificar corderos inocentes para pedir el perdón de Dios por sus pecados. Cada persona del pueblo de Israel debía escoger el mejor cordero que tuvieran, con unas características especiales y llevarlo al templo para que se hiciera el sacrificio. Y tenían que hacer estos sacrificios
una y otra vez, porque estos sacrificios no eran perfectos para satisfacer la justicia divina.
Hebreos 10:3-4 “Pero en esos sacrificios hay un recordatorio de pecados año tras año.
Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados.”
Miremos con cuidado lo que dice la Biblia: la sangre de los animales, aunque fueran animales buenos, gordos, sanos, perfectos… NO pueden QUITAR el pecado. No lo quitaban, solo los cubrían.
Pero aquel día, cuando Jesús apareció ante el pueblo, por mandato de Dios, Juan el Bautista lo presentó como el Cordero Perfecto de Dios. Este Cordero, que era el Salvador prometido, sí que podía quitar para siempre el pecado de los pecadores.
Por eso en la Biblia se dice:
Hebreos 7:27b “Porque esto Jesús lo hizo una vez para siempre, cuando Él mismo se ofreció.”
Como Jesús era el Cordero de Dios, solo fue sacrificado una vez y para siempre por el perdón de los pecados. Ahora ya no es necesario seguir sacrificando animales inocentes que solo cubren los pecados, porque ya el Perfecto Cordero de Dios se ofreció como sacrificio en nuestro lugar.
Ese día, cuando Jesús fue bautizado sucedió algo muy sorprendente. Voy a leerlo de la Biblia directamente:
Lucas 3:21-22 “Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado; y mientras Él oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido.”
Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre Él como una señal de que podía hacer aquél trabajo que Dios el Padre le había encomendado: Salvar a Su pueblo de sus pecados. Y Dios el Padre, habló audiblemente, es decir, que los que estaban presentes pudieron escucharlo, y dijo a Jesús: “Tú eres Mi Hijo
amado, en Ti me he complacido”. Dios mira a Su Hijo, perfecto Dios y hombre, y dice que se complace en Él. ¿No es eso grandioso? Pero, ¿sabes qué?, Dios no se puede sentir complacido cuando mira al ser humano porque Él es Santo y el ser humano es pecador. Dios no se siente complacido contigo, tampoco conmigo. El pecado nos mantiene separados de Dios, pero aquí está el Cordero de Dios. Él es el único que puede quitar nuestros pecados para que podamos acercarnos de nuevo a Dios.
MEMORIZAR
Juan 1:29 “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Material para desarrollar
