TEMA CENTRAL
¡Se cumplió el tiempo! El tiempo del sacrificio había llegado. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, El Salvador prometido que ha llegado, será el sustituto de aquellos a quienes vino a salvar, a los suyos, a los que el Padre le dio. Pero… la copa de Jesús era amarga y pidió al Padre que, si era posible, pasara de Él esa copa.
BASE BÍBLICA
Juan 17; Mateo 26:36-46; Marcos 14:32-42; Lucas 22:39-46; Lucas 22:42; Ezequiel 23:32-35; Isaías 51:17, 21-23
LECCIÓN BÍBLICA
Jesús promete a sus discípulos ir a preparar lugar para ellos en la Casa del Padre. Promete venir otra vez. Promete que estará para siempre con ellos. Promete no dejarlos solos sino enviar al Espíritu Santo para que esté con ellos. Seguramente los corazones de los discípulos recobraron el aliento. Cuando Jesús terminó de
decirles todas estas cosas oró pidiendo que sus discípulos, y todos los que iban a creer por las palabras de ellos, fueran guardados del maligno.
Al terminar Jesús su oración, Él y sus discípulos fueron a un huerto llamado Getsemaní. Estando allí, Jesús se separó un poco de ellos y se arrodilló para orar:
“Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya”.
¿De cuál copa estaba hablando Jesús? En la Biblia, “la copa” se refiere a la ira justa de Dios para castigar la injusticia y la maldad, para castigar el pecado. Jesús sabía que su muerte física iba a ser dolorosa, pero cuando mencionó la copa se estaba refiriendo a algo que le parecía más terrible, algo que lo hacía estar en intensa agonía. Jesús tenía una comunión perfecta con el Padre. Cuando se bautizó, desde el cielo se escuchó la voz del Padre diciendo que Jesús era Su Hijo Amado en quien se complacía. Jesús sabía que llegaría el momento en el cual esa comunión con Su Padre se rompería. Por eso Jesús oraba así: “si es Tu voluntad, aparta de Mí esta
copa”. Esta oración de Jesús mostraba que obedecer la voluntad del Padre era su verdadero deseo.
¿Por qué Jesús debía ser castigado por Dios si Él nunca pecó? Cuando una persona ofrecía el sacrificio de un cordero para cubrir sus pecados, tenía que colocar sus manos sobre la cabeza del cordero como un símbolo de que sus pecados estaban pasando al cordero que se iba a sacrificar. Ahora Jesús, el Cordero de Dios, sería sacrificado por los pecados de todos aquellos que vino a salvar; así que esos pecados serían colocados sobre Él y Dios descargaría su ira, su castigo justo, sobre Jesús. ¿Jesús pudo haberse negado a morir? ¿Tenía poder para matar a todos sus enemigos de una vez por todas? Sí, tenía el poder, pero Jesús mostró ser
perfectamente obediente al Padre. Cuando terminó de orar, Jesús les dijo a sus discípulos “…está cerca el que me entrega”. Mateo 26:46b Todavía Jesús estaba diciendo estas palabras cuando se acercó Judas Iscariote,
uno de los doce. Y tal como Jesús lo había dicho, Judas lo traicionó. Le dieron 30 monedas de plata para que entregara a Jesús y lo pudieran apresar. Trajo con él como 600 soldados y unos cuantos líderes religiosos. Al ver a Jesús le dio un beso porque les había dado esa señal: aquel a quien Judas besara era a quien tenían que arrestar. En aquel momento Jesús fue apresado por esas personas que acompañaron a Judas con espadas y garrotes. Pedro sacó una espada y cortó la oreja de uno de los que vinieron con Judas, pero Jesús dijo unas palabras en las que debemos pensar:
Mateo 26:52-54 “Entonces Jesús le dijo: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo rogar a Mi Padre, y Él pondría a Mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?»
Juan 18:11 “…Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso
no he de beberla?”
Jesús le dice a Pedro que si Él le rogara al Padre le enviaría más de 72.000 ángeles para defenderlos. Estos que vinieron con garrotes y espadas eran un poco mas de 600 personas. Esos ángeles los derrotarían en un instante. Pero Jesús también dijo “La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso no he de beberla?” Jesús
había orado pidiendo a Su Padre que si era posible la copa pasara de Él. Ahora Jesús dice que la copa era la voluntad de Su Padre y Él iba a obedecer. Jesús muestra su perfecta obediencia.
Cuando vieron estas cosas: “…entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron”. Mateo 26:56. En solo un poco de tiempo se cumplieron dos de aquellas cosas que Jesús acababa de decirles a sus discípulos: uno de ellos lo traicionaría y los demás lo abandonarían.
Cuando escuchamos cosas como estas, es posible que pasen por nuestra mente pensamientos como estos: ¿Cómo es posible que Judas vendiera a Jesús, el Hijo de Dios? ¿Por 30 monedas de plata? ¡Qué traidor! ¿Y Pedro? ¡Aunque dijo que nunca lo negaría, lo negó tres veces! ¡Malvado! ¿Los demás? ¡Unos cobardes que lo
abandonaron! Quizás sería conveniente meditar y reflexionar. ¿Y tú? ¿Eres mejor que Judas? ¿Y yo? ¿Soy mejor que Pedro? ¿Acaso nosotros no abandonamos a Jesús cuando somos desobedientes? Ellos y nosotros somos igualmente pecadores. La copa de la ira de Dios que fue derramada sobre Jesús también fue derramada por causa de nuestros pecados. ¡Por esa razón necesitamos un Salvador, necesitamos a Jesús!
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
Lucas 22:42 “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Material para desarrollar
