
Cuando sean tentados, acuérdense de no decir: «Dios me está tentando». Dios nuncaes tentado a hacer el mal y jamás tienta a nadie. La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte. [Santiago 1:13–15 – NTV]
Si deseamos que nuestra alma esté moldeada por su santidad, convertirnos en partícipes de la naturaleza divina y que Cristo se forme en nuestro corazón, debemos concretar seria y cuidadosamente la decisión de esforzarnos por evitar y abandonar todas las prácticas viciosas y pecaminosas. No puede haber ningún tratado de paz hasta que hayamos abandonado aquellas armas de rebelión con las que peleamos contra el cielo, ni podemos esperar tener sanidad para nuestro carácter alterado, si diariamente nos alimentamos con veneno.
Henry Scougal
