Diciembre 11
Lectura: 1 Samuel 17:1-9, 32-50
El pueblo de Dios tenía una nueva tierra y ahora querían un rey. Samuel, el profeta, les recordó que Dios era su Rey, pero ellos no hicieron caso y lo exigieron de todos modos. Fue así como Dios les dio un rey, su nombre era Saúl. Saúl parecía bueno, pero se volvió orgulloso y dejó de escuchar a Dios. En medio de su reinado, un pueblo enemigo, los filisteos, le declararon la guerra. Ellos tenían a un inmenso gigante, Goliat, quien los desafiaba día a día. Nadie quería pelear, tenían mucho miedo, hasta que un día llegó David, un pequeño niño, que poco tiempo antes había sido ungido por Samuel para reemplazar a Saúl y ser el futuro rey que Dios deseaba para su pueblo.
David parecía tan pequeño y débil, pero estaba seguro de que Dios siempre ganaba sus batallas, así que confió en que Dios lo salvaría y que por su poder y no el suyo vencería al gigante. Y fue así, que con solo una honda y algunas piedras, el pequeño David venció a Goliat. Dios había rescatado a su pueblo una vez más.
Muchos años después vendría otro guerrero, uno mejor que David, este guerrero sería Jesús, quien ganaría la batalla más grande de todas, la batalla contra el pecado, para poder salvar así al pueblo de Dios.
Preguntas:
- ¿El pueblo necesitaba un rey? ¿Quién era el rey del pueblo?
- ¿Cómo era Goliat?
- ¿David tenía miedo de Goliat? ¿En quién confiaba?
- ¿Por qué Jesús es mejor que David?
Símbolo
Una honda y piedras
Usado con permiso para la IEBI 2022
Tomado del libro: El árbol de Isaí – 25 devocionales para niños y adultos en advenimiento de Marjorie Chavarría
Copyright © 2016 Marjorie Chavarría
