
En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.
Zacarías 13:1
Oh Dios eterno, en estas últimas horas del año venimos ante ti con nuestras alabanzas y nos humillamos ante tus ojos.
Te agradecemos por tu cuidado durante el año que está por concluir y por todas tus misericordias de provisión y gracia; por todos tus tratos con nosotros que sabemos que han sido bendiciones; por todo en lo que nos has bendecido, aunque tal vez no nos hayamos percatado de ello. Te alabamos por tus reprimendas, nuestras aflicciones, nuestras enfermedades, nuestras decepciones y pruebas.
Queremos también humillarnos ante ti, oh Señor. Somos frágiles y pecadores. Somos polvo y ceniza. No podemos alzar nuestro rostro ante ti, el Santísimo, de ojos tan puros que no soportan la iniquidad, quien habita en la eternidad y jamás cambia.
Pero bendecido sea tu nombre por aquel refugio que has provisto para tu ira, por aquella fuente que has abierto para el pecado y la impureza. Acudimos a nuestro Redentor para refugiarnos. Descansamos en tu pacto eterno con nosotros en Jesús, y podemos estar seguros. No hay condenación para quienes están en Cristo Jesús.
Y al llegar al final de este año, nos encomendamos a tu protección, de modo que podamos reposar en paz al final de la vida, sabiendo en quién hemos creído,
por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, amén.
Henry Alford
