Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instrúyalos recordando continuamente la influencia de su propio ejemplo. Las enseñanzas, y los consejos y las órdenes de poco aprovechan a menos que los respalden la conducta de su propia vida. Sus hijos nunca creerán que usted habla en serio y realmente quiere que lo obedezcan, entre tanto sus acciones contradigan sus consejos.
El Arzobispo Tillotson hizo un comentario sabio cuando dijo:
“Impartir a los hijos una buena instrucción, y un mal ejemplo, no es más que indicarles con un movimiento de cabeza el camino al cielo, al mismo tiempo que los tomamos de la mano y los llevamos por el camino al infierno.”
Desconocemos la fuerza y el poder del ejemplo. Ninguno de nosotros puede vivir para sí en este mundo; estamos siempre influyendo sobre los demás a nuestro alrededor, de una manera o de otra, ya sea para bien o para mal, ya sea para Dios o para el pecado. —Ven nuestro modo de actuar, se fijan en nuestra conducta, observan nuestro comportamiento, y lo que nos ven hacer, tienen razón en suponer que creemos que lo que hacemos está bien. Y nunca, creo yo, es el ejemplo más poderoso que en el caso de padres e hijos.
Padres y madres, recuerden que los niños aprenden más por la vista que por el oído. Ninguna escuela hará un impacto tan profundo como el hogar. Los mejores maestros no fijarán en sus mentes tanto como lo que aprenden en la familia. La imitación es un principio mucho más fuerte con los niños que la memorización. Lo que ven tiene un efecto mucho más fuerte en sus mentes que lo que se les dice.
Tengan cuidado, entonces, de lo que hacen en presencia de su hijo. Está en lo cierto el proverbio: “El que peca ante un niño, doble pecado comete.”
Esfuércese por ser una epístola viviente de Cristo que su familia pueda leer, y leerla con claridad. Sea un ejemplo de reverencia hacia la Palabra de Dios, reverencia en la oración, reverencia para los cultos de adoración, reverencia por el día del Señor. —Sea un ejemplo con sus palabras, su temperamento, su diligencia, su temperancia, su fe, su caridad, su bondad, su humildad. No crea que sus hijos pondrán en práctica lo que no ven en usted.
Usted es el cuadro modelo de ellos, y ellos copiarán lo que usted es. Sus razonamientos y sus discursos, sus órdenes y buenos consejos; quizá no los comprendan para nada, pero pueden comprender su vida. Los niños son rápidos para observar; muy rápidos para ver algunos tipos de hipocresía, muy rápidos para captar lo que usted realmente piensa y siente, y muy rápidos en adoptar sus modos y opiniones. Verá con frecuencia que tal como es el padre, así es el hijo.
Recuerden la palabra que César, el conquistador, usaba siempre con sus soldados en batalla. No les decía: “Marchen hacia adelante”, sino “Vengan”. Así debe ser con usted al instruir a sus hijos.
Rara vez adquirirán hábitos que notan que usted aborrece, o caminarán por sendas por las que no camina usted mismo. El que le predica a sus hijos lo que no pone en práctica, realiza una obra que nunca avanza. Es como la telaraña de Penélope, de la fábula de antaño, que tejía de día y destejía de noche. De la misma manera, el padre que trata de instruir sin ser un buen ejemplo está construyendo con una mano, y derrumbando con la otra.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
