Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instrúyalos en el hábito de siempre redimir el tiempo. La ociosidad es la mejor amiga del diablo. Es la manera más segura de darle una oportunidad para perjudicarnos. Una mente ociosa es como una puerta abierta, y si Satanás mismo no entra por ella, lo seguro es que, arrojará algo adentro para generar malos pensamientos en nuestra alma.
Ninguna cosa fue creada con la intención de que fuera ociosa. El servicio y el trabajo es la porción encomendada a cada criatura de Dios. Los ángeles en el cielo trabajan, —son los siervos activos del Señor, haciendo siempre su voluntad. Adán, en el Paraíso, tenía trabajo, —tenía que labrarlo y guardarlo. Los santos redimidos en gloria tienen trabajo: “Ellos no descansan de día ni de noche de cantarle alabanzas y gloria a aquel que los
compró.” Y el hombre, el hombre débil, pecador, tiene que tener algo para hacer, si no, su alma pronto enfermará. Tenemos que tener las manos llenas y las mentes ocupadas con algo, si no, nuestra imaginación pronto fermentará y maquinará el mal.
Y lo que es cierto de nosotros, es cierto también de nuestros hijos. ¡Ay, sí, del hombre que no tiene nada para hacer! Los judíos consideraban la ociosidad positivamente como un pecado: era ley de ellos que todo hombre criara a su hijo enseñándole un oficio útil, —y tenían razón. Conocían el corazón del hombre mejor de lo que aparentemente lo conocemos nosotros.
La ociosidad hizo de Sodoma lo que fue. “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad tuvo ella” (Eze. 16:49). La ociosidad tuvo mucho que ver con el terrible pecado de David con la esposa de Urías. —Veo en 2 Samuel 11 que Joab salió a guerrear contra los Amonitas, “mas David se quedó en Jerusalem”. ¿No fue eso ociosidad? Y fue entonces que vio a Bathsheba —y el próximo paso que leemos es de su caída tremenda y miserable.
Ciertamente, creo que la ociosidad ha llevado a más pecados que cualquier otro hábito que pudiéramos mencionar. Sospecho que es la madre de muchas obras de la carne, —la madre del adulterio, fornicación, embriaguez y muchas otras obras de las tinieblas que no tengo tiempo de mencionar. Sea su propia conciencia la que le indique si digo la verdad. Estuvo usted ocioso, y enseguida el diablo llamó a su puerta y entró.
Y no me cabe la menor duda, —todo en el mundo a nuestro alrededor parece enseñarnos la misma lección. Es el agua quieta la que se estanca y pudre: el agua que corre y se mueve siempre está clara. Si tiene usted máquinas a vapor, las tiene que hacer andar o pronto se descomponen. Si tiene un caballo, lo tiene que ejercitar, nunca está tan bien como cuando está trabajando regularmente. Si quiere usted gozar de buena salud, tiene que hacer ejercicio. Si siempre está sentado, su cuerpo tarde o temprano se quejará. Y sucede lo mismo con su alma. La mente activa en movimiento es
un blanco difícil para que el diablo dé en él. Trate de estar siempre lleno de trabajo útil y, de esta manera, a su enemigo le será difícil encontrar lugar para sembrar cizaña.
Lector, le pido que presente estas cosas a sus hijos. Enséñeles el valor del tiempo y trate de hacerles aprender que lo usen bien. Me duele ver a los niños ociosos ante lo que tienen entre manos, sea lo que fuere. Me encanta verlos activos e industriosos, y poniendo todo su corazón en lo que hacen; poniendo todo su corazón en sus lecciones cuando tienen que aprender; — poniendo todo su corazón aun en sus entretenimientos cuando juegan.
Entonces, si los ama de verdad, sea la ociosidad considerada un pecado en su familia.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
