Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instrúyalos en el hábito de la obediencia. Este es un objetivo digno de cualquier esfuerzo que se requiera para lograrlo. Ningún hábito, sospecho, tiene tanta influencia sobre nuestra vida como éste. Padres, determinen hacer que sus hijos les obedezcan, aunque puede costarles mucho trabajo, y costarle a ellos muchas lágrimas. Que no haya cuestionamientos y razonamientos y discusiones y demoras y malas maneras de contestar. Cuando usted les ordena algo, hágales ver claramente que usted está decidido a que lo hagan.
La obediencia es la única realidad. Es la fe visible, la fe en acción y la fe encarnada. Es la prueba del verdadero discipulado entre el pueblo de. Dios. “Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando” (Juan 15:14). Hacer lo que fuere que sus padres le ordenan debe ser la
característica de niños bien enseñados. ¿Dónde, en verdad, está la honra que el quinto mandamiento ordena, si padres y madres no son obedecidos alegremente, con buena disposición e inmediatamente?
La obediencia temprana es apoyada por todas las Escrituras. Habría de ser para alabanza de Abraham, el que no meramente instruiría a su familia, sino que “mandará a sus hijos y a su casa después de sí” (Gén. 18:19). El Señor Jesucristo mismo, cuando “descendió con ellos [María y José]… estaba sujeto a ellos” (Luc. 2:51). Observe cómo José obedeció implícitamente la orden de su padre Jacob (Gén. 37:13). Vea cómo Isaías se refiere a la desobediencia como algo malo, cuando dice: “el mozo se levantará contra el viejo” (Isa. 3:5). Note como el Apóstol Pablo menciona la desobediencia a los padres como una de las señales malas de los últimos tiempos (2 Tim. 3:2). Note como destaca esta gracia de exigir obediencia diciendo que es una que debe adornar al ministro cristiano: El obispo “que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad.” Y nuevamente: “Los diáconos… que gobiernen bien sus hijos y sus casas” (1 Tim. 3:4,12). Y una vez más, los ancianos “que tenga hijos fieles que no estén acusados de disolución, o contumaces” (Tito 1:6).
Padres, ¿quieren ver felices a sus hijos? Ocúpense, entonces, de enseñarles a obedecer cuando les habla, —a hacer lo que les manda. Créanme, no hemos sido hechos para ser enteramente independientes, —no somos apropiados para eso. Aun los que gozan de libertad en Cristo tienen un yugo que cargar: “al Señor Cristo servís” (Col. 3:24). Los niños no pueden aprender demasiado pronto que éste no es un mundo cuya intención es que todos gobiernen, y que nunca estamos en nuestro lugar correcto hasta no haber aprendido a obedecer a nuestros mayores. Enséñenles a obedecer mientras son pequeños, en caso contrario se rebelarán contra Dios toda sus vidas, y se agotarán con la idea vana de ser independientes de su control.
Lector, esta sugerencia es sumamente necesaria. Usted podrá ver a muchos en esta época que permiten a sus hijos escoger y pensar por sí mismos antes de tener capacidad de hacerlo, y aun justificar su desobediencia, como si fuera algo que no debe condenarse. A mi parecer, el padre que siempre cede, y el hijo que siempre hace lo que quiere ofrecen un cuadro doloroso, —doloroso, porque veo el orden de las cosas designado por Dios, invertido y al revés; —doloroso porque estoy seguro de que el carácter de ese niño al final se caracterizará por la obstinación, el orgullo y engreimiento. No se sorprenda de que los hombres se nieguen a obedecer a su Padre que está en los cielos, si los deja usted, de niños, desobedecer a su padre que está en la tierra.
Padres, si aman a sus hijos, sea la obediencia el lema y la consigna continuamente ante sus ojos.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
