Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instruya a su hijo en el conocimiento de la Biblia. No puede obligar a sus hijos a amar la Biblia, lo admito. Nadie aparte del Espíritu Santo nos puede dar un corazón que se deleita en su Palabra. Pero puede usted familiarizar a sus hijos con la Biblia; y puede estar seguro que es imposible familiarizarse con ese bendito libro demasiado temprano y demasiado bien.
Un conocimiento profundo de la Biblia es el fundamento de los conceptos claros sobre religión. El que está bien basado en ella, por lo general no dudará ni será llevado por doquier por los vientos de nuevas doctrinas. Cualquier sistema de instrucción que no hace que el conocimiento de las Escrituras ocupe el primer lugar es inseguro y defectuoso.
Tiene que tener cuidado en este punto justamente ahora, porque el diablo anda suelto y abundan los errores. Los vemos entre algunos de nosotros que damos a la iglesia el honor que le debemos a Cristo. Los vemos entre los que hacen de los sacramentos salvadores y pasaportes a la vida eterna. Y los vemos igualmente en los que honran un catecismo más que a una Biblia, o llenan la mente de sus hijos con miserables libritos de cuentos en lugar de las Escrituras que contienen la verdad. Pero si ama usted a sus hijos, deje que la sencilla Biblia sea todo en la instrucción de sus almas; y que los demás libros ocupen un segundo lugar.
No le importe tanto que sean poderosos en el catecismo, sino que sean poderosos en las Escrituras. Esta es la instrucción, créame, que Dios honrará. El salmista dice de ella: “Has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas” (Sal. 138:2); y creo que él otorga una bendición especial a todos los que procuran magnificar su Palabra entre los hombres.
Cuide que sus hijos lean la Biblia con reverencia. Enséñeles que la consideren, no como la palabra de hombres, sino como lo es en verdad, la Palabra de Dios, escrita por el Espíritu Santo mismo, —toda verdad, de todo provecho y capaz de hacernos sabios para salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús.
Cuide que la lean regularmente. Enséñeles que la consideren el alimento espiritual de su alma, —como algo esencial para la salud diaria de su alma. Sé muy bien que no puede usted hacer que esto sea más que una
forma de proceder; pero quién sabe cuántos pecados ha podido evitar indirectamente una mera forma de proceder.
Cuide que la lean toda. No debe temer exponerlos a cualquier doctrina bíblica. No suponga que las principales doctrinas del cristianismo son cosas que los niños no pueden entender. Los niños comprenden mucho más de la Biblia de lo que podemos suponer.
Hábleles del pecado, su culpabilidad, sus consecuencias, su poder, su maldad: descubrirá que pueden entender algo de esto.
Hábleles del Señor Jesucristo, y su obra para nuestra salvación, —la expiación, la cruz, la sangre, el sacrificio, la intercesión: descubrirá que hay algo en todo esto que pueden entender.
Hábleles de la obra del Espíritu Santo en el corazón del hombre, cómo él cambia, y renueva, y santifica, y purifica: pronto verá que algo pueden entender. En resumen, sospecho que no tenemos idea de cuánto un niño pequeño puede captar sobre lo largo y ancho del glorioso evangelio. Comprenden mucho más de estas cosas que lo que pensamos.
Llene sus mentes de las Escrituras. Deje que la Palabra more en ellos ricamente. Deles una Biblia, la Biblia entera, aun cuando son pequeños.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
