Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instruya con este pensamiento continuamente ante sus ojos—que el alma de su hijo es lo primero a considerar. Preciosos son, sin duda, estos pequeños ante sus ojos; pero si los ama, piense con frecuencia en sus almas. Nada debe interesarle tanto como sus intereses eternos. Ninguna parte de ellos le debe ser más querida que aquella parte que nunca morirá. El mundo, con toda su gloria, pasará; los montes se derretirán; los cielos se enrollarán como un pergamino; el sol dejará de brillar. Pero el espíritu que mora en esas pequeñas criaturas que usted ama tanto los sobrevivirá y, si será en felicidad o infelicidad (humanamente hablando) dependerá de usted.
Éste es el pensamiento que debe prevalecer en su mente en todo lo que hace por sus hijos. En cada paso que toma relacionado con ellos, en cada plan, y actividad, y plan que los concierne, no excluya la poderosa pregunta: “¿Cómo afectará sus almas?”
El amor al alma es el alma de todo amor. Mimar y consentir y darle todos los gustos a su hijo, como si el mundo fuera lo único que tuviera que tener en cuenta, y esta vida la única razón para ser feliz— hacer esto no es verdadero amor, sino crueldad. Es tratarlo como una bestia del campo, que tiene sólo un mundo en el cual vivir, y nada después de la muerte. Es ocultarle esa gran verdad, que debería aprender desde su misma infancia, que el fin principal de su vida es la salvación de su alma.
El verdadero cristiano no debe ser esclavo de la moda, si es que quiere instruir a su hijo para el cielo. No debe contentarse con hacer las cosas meramente porque son la costumbre del mundo; enseñarle e instruirle en ciertas formas meramente porque es lo usual; dejarles leer libros cuestionables meramente porque todos los leen; dejarles formar hábitos de tendencias dudosas meramente porque son los hábitos del momento. Debe instruir considerando el alma de sus hijos. No debe avergonzarse al oír que su instrucción es llamada singular y extraña. ¿Qué si lo es? El tiempo es breve, —la moda de este mundo pasa. El que instruye a sus hijos para el cielo más bien que para la tierra, —para Dios más bien que para el hombre, —éste es el padre de familia que, al final, será llamado sabio.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
