Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Instrúyalos, por último, orando continuamente pidiendo una bendición sobre todo lo que hace. Sin la bendición del Señor, sus mejores esfuerzos no darán resultado. Él tiene en sus manos los corazones de todos los hombres, y a menos que él toque los corazones de sus hijos con su Espíritu, se esforzará usted sin lograr nada.
Por lo tanto, riegue con constantes oraciones la semilla que siembra en sus mentes. El Señor está mucho más dispuesto a escuchar que nosotros a orar; mucho más dispuesto a dar bendiciones que nosotros a pedirlas; —le agrada que se las pidamos. Y le presento esta cuestión de la oración como el remache, el sello de todo lo que hace. Creo que el que mucho orar rara vez es rechazado.
Considere a sus hijos como Jacob consideró a los suyos; le dice a Esaú que “Son los niños que Dios ha dado a tu siervo” (Gén. 33:5). Considérelos como José consideró a los suyos; le dijo a su padre: “Son mis hijos, que Dios me ha dado” (Gén. 48:9). Considérelos como el salmista: “heredad de Jehová son los hijos” (Sal. 127:3). Y luego pídale al Señor, con audacia santa, que derrame su gracia y misericordia sobre sus propios regalos. Note como Abraham intercede por Ismael, porque lo ama: “Ojalá Ismael viva delante de ti” (Gén. 17:18). Vea como habla Mana al ángel acerca de Sansón: “¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?” (Jue. 13:12). Observe qué cuidado tierno tenía Job por el alma de sus hijos: “Ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5).
Padres, si aman a sus hijos, vayan y hagan lo mismo. No pueden llevar sus nombres ante el trono de gracia demasiadas veces.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
