Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella. Proverbios 22:6
Primero, entonces, si ha de instruir a sus hijos correctamente, instrúyalos en el camino por el que deben andar, no en el camino que naturalmente tomarían. Recuerde que los niños nacen con una decidida inclinación haca el mal y por lo tanto, si usted los deja escoger por sí mismos, de seguro escogerán lo equivocado.
La madre no puede saber lo que su tierno infante llegará a ser, —alto o bajo, débil o fuerte, sabio o necio, puede o no ser todo esto,— es todo incierto. Pero una cosa puede decir la madre con certidumbre: tendrá un corazón corrupto y pecaminoso.
Es natural que hagamos lo incorrecto. “La necedad”, dice Salomón, “está ligada en el corazón del muchacho” (Prov. 22:15). “El muchacho consentido [o sea dejado a sus propios recursos] avergonzará a su madre” (Prov. 29:15) Nuestros corazones son como el suelo que pisamos; si no se ocupa de él, de seguro en él crecerán malezas.
Por lo tanto, si va usted a tratar sabiamente a su hijo, no debe dejarlo que se guíe por su propia voluntad. Piense por él, juzgue por él, actúe por él, tal como lo haría por alguien débil o ciego; pero, por lo que más quiera, no lo entregue a sus propios gustos y tendencias caprichosos.
No son sus gustos o deseos los que hay que consultar. No sabe todavía lo que es bueno para su mente y alma, tal como no sabe lo que es bueno para su cuerpo. Usted no lo deja decidir lo que comerá, y lo que beberá, y cómo se vestirá. Sea consecuente, y trate con su mente de la misma manera. Instrúyalo en el camino que es bíblico y correcto, y no de la manera que a él se le antoja.
Si no puede usted decidirse en cuanto a este primer principio de instrucción cristiana, es inútil que siga leyendo esto. La terquedad es casi lo primero que aparece en la mente del niño; y el primer paso de usted es resistirla.
Tomado de: Los deberes de los padres de J.C. Ryle.
