Lectura Bíblica: Salmo 19:7-11
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Luego de hablar en los primeros versos sobre la revelación general de Dios por medio de la creación, el salmista nos lleva a considerar la Ley de Dios como la revelación que lleva a la vida abundante, la vida eterna.
Cuando pensamos en estatutos, mandamientos y leyes, a menudo pensamos en normas que nos impiden divertirnos, u obstáculos para pasarla bien. Pero aquí vemos lo contrario, la Ley de Dios solo bien y gozo produce en los que en ella meditan y se deleitan.
Las leyes de Dios nos convierten, nos hacen sabios, alegran el corazón, iluminan los ojos, nos advierten y nos recompensan. Las leyes de Dios son guías y luces para nuestro camino, más que cadenas en nuestras manos y pies. Señalan el peligro para advertirnos, y luego señalan el éxito para guiarnos.
¿No es precisamente esto lo que necesitamos cada día para tomar sabias decisiones? Pienso que si. La Palabra de Dios, sus leyes, sus mandamientos y estatutos, tienen como fin mostrarnos el carácter puro y santo de Dios y a su vez están allí para que nos guíen por sendas derechas para nuestro gozo y bien.
Dios no quiere la muerte del impío, Dios quiere que viva y disfrute de Él eternamente. Su Palabra convierte el corazón habituado a la maldad en un corazón que ame la justicia y la verdad. Su Palabra da sabiduría a los que en ella son ejercitados. Su Palabra trae gozo, pues libra al hombre de torpezas y muerte. Su Palabra da luz a los que andan en tinieblas y da entendimiento que lleva a la vida eterna!
¿No es precisamente esto lo que necesitamos cada día para tomar sabias decisiones? Pienso que si.
Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
