Lectura Bíblica: Mat. 25:1-13 (v.11-12)
Ayuda:
En esta parábola, el Señor nos enseña que cada uno de nosotros somos responsables de nuestra condición espiritual. Es una parábola de una boda con diez damas de honor. Culturalmente,
«El día de la boda, el novio era quien iba a la casa de la novia para la ceremonia; luego, los novios, junto con una gran procesión, regresaban a la casa del novio, allí se celebraba una fiesta, que a menudo duraba unos siete días. Estas diez vírgenes o damas de honor esperaban unirse a la procesión, y esperaban participar en el banquete de bodas.»
Consideremos un detalle del verso 5, donde dice: «Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.» Este novio en particular se retrasó más de lo habitual, pero un novio normalmente llegaba al anochecer para acompañar a la novia a la boda. Esto me recuerda lo que el apóstol Pedro luego escribbiría en su segunda carta:
El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. [2 Pedro 3:9]
La paciencia del Señor es una oportunidad que no debemos despreciar! El Novio no se tarda. Mas bien el Novio es paciente. La paciencia del Señor en su venida tiene un propósito muy misericordioso: que estemos listos! Es responsabilidad nuestra no desaprovechar esta oportunidad que Él nos da.
Cuando el Señor Jesús vuelva para llevarse a su pueblo al cielo, debemos estar preparados. La preparación espiritual no se puede comprar ni mucho menos heredar de los padres, ni tampoco pedir prestada en el último momento como quisieron hacer aquellas vírgenes. Nuestra relación con Dios debe ser nuestra, propia, individual.
