Lectura Bíblica: Jonás 1 (v.1-3)
Ayuda:
Dios mandó a Jonás a predicar a unos 800 kilómetros al noreste de Israel a una ciudad llamada Nínive, la cual se convertiría en la capital del vasto Imperio Asirio. Dios le envió para advertir del juicio y declarar que el pueblo podía recibir misericordia y perdón si se arrepentía.
A veces nos es difícil entender el por qué Jonás toma la decisión de no ir a hablar en aquella ciudad, nos parece ver en Jonás a un hombre egoísta que no quería compartir la buena nueva a los perdidos.
Sin embargo, el profeta Nahum nos da información valiosa sobre Nínive que nos ayuda a entender mejor al profeta Jonás y nos da claridad de qué se acusaba a aquella ciudad. Nínive era culpable de:
- Conspiraciones malvadas contra Dios (Nahum 1:9)
- Explotación de los indefensos (Nahum 2:12)
- Crueldad en la guerra (Nahum 2:12, 13)
- Idolatría, prostitución y brujería (Nahum 3:4)
Jonás veía esta maldad de Nínive y ello le llevó a decidir evadir el llamado de Dios. Jonás había crecido odiando a los asirios y temiendo sus violencias. Su odio era tan fuerte que no quería que recibieran la misericordia de Dios. De hecho, Jonás temía que el pueblo se arrepintiera (Jonás 4:2-3).
La actitud de Jonás es muestra de la renuencia del pueblo a compartir el amor y la misericordia de Dios con los demás. El pueblo, al igual que Jonás, no quería que los no judíos (gentiles) obtuvieran el favor de Dios.
No obedecer a Dios siempre nos traerá problemas. Cuando Dios nos da instrucciones a través de su Palabra, o nos manda a hablar el Evangelio incluso a nuestros enemigos, a veces huimos por miedo, terquedad o prejuicios alegando que Dios nos pide demasiado. Pero evadir a Dios siempre nos traerá problemas peores.
Al final, Jonás comprendió que lo mejor es hacer lo que Dios pide en primer lugar. Pero para entonces ya había pagado un alto precio por huir. No esperemos a sufrir al huir o evadir lo que Dios nos pide hacer en su Palabra. Es mucho mejor obedecer desde el principio.
