Lectura Bíblica: Sant 2:1–13
Ayuda:
Debemos tratar a todas las personas como nos gustaría que nos trataran a nosotros. No debemos ignorar a los ricos, porque entonces les estaríamos negando nuestro amor. Pero no debemos favorecerlos por lo que pueden hacer por nosotros, mientras ignoramos a los pobres que pueden ofrecernos aparentemente tan poco a cambio.
Como cristianos, somos salvados por el don gratuito de Dios (la gracia) a través de la fe, no por que Dios haya visto algo digno en nosotros (si asi fuera, ninguno seriamos salvos!). Pero como cristianos, aunque no somos salvos por nada en nosotros ni por cumplir la ley, sin embargo estamos obligados a obedecer a Cristo.
La gracia de Dios no anula nuestro deber de obedecerle, sino que da a nuestra obediencia una nueva base. La ley ya no es un conjunto de normas externas, sino una «ley de libertad», que cumplimos con alegría y voluntad, porque amamos a Dios y tenemos el poder de su Espíritu Santo.
Lo anterior nos advierte del deber que como cristianos debemos atender: Cristo no hizo acepción de personas; tampoco se guió por las apariencias para hacer bien a otros. Asi mismo nosotros, los que somos seguidores de Cristo, debemos considerar a los demás sin importar si tienen mucho o poco, o si pueden hacer mucho o poco por nosotros.
