Lectura Bíblica: Hechos 2:42–47 y Hechos 4:32-37
Ayuda:
Reconociendo a los demás creyentes como hermanos en la familia de Dios, los cristianos de Jerusalén compartían todo lo que tenían para que todos pudieran beneficiarse de los dones de Dios.
Cuando tenemos abundancia, somos tentados a vivir solo para nosotros. Es tentador -sobre todo si tenemos riquezas materiales- aislarnos unos de otros, ser «casa solas» preocupándonos sólo de nuestros intereses y disfrutando egoista y únicamente de nuestra pequeña parte del mundo.
En Hechos 4:32 vemos que ninguno de estos cristianos sentía que lo que tenía era suyo, por lo que eran capaces de dar y compartir, eliminando la pobreza entre ellos. No permitían que un hermano o hermana sufriera cuando otros tenían en abundancia.
Lee Hechos 5:1-11 ¿Cómo fue la actitud de Ananías y Safira? ¿Conoces a algún «Ananías» o «Safiras»?
La Iglesia primitiva pudo compartir sus posesiones y propiedades gracias a la unidad en el Espíritu Santo, que actuaba en la vida de los creyentes y a través de ellos. La unidad espiritual y la generosidad de estos primeros creyentes atrajo a otros hacia ellos.
Como parte de la familia espiritual de Dios, es nuestra responsabilidad ayudarnos unos a otros en todo lo posible. La familia de Dios funciona mejor cuando sus miembros trabajan juntos.
¿Cómo te sientes respecto a tus posesiones? Deberíamos adoptar la actitud de que todo lo que tenemos viene de Dios, y sólo compartimos lo que ya es de ÉL.
