Lectura Bíblica: Lucas 19:1–10
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Para financiar su imperio, los romanos cobraban altos impuestos. Entre los recaudadores de impuestos se hallaban judíos de nacimiento que elegían trabajar para el imperio y eran considerados traidores. Ellos se enriquecían a costa de sus compatriotas judíos.
No era extraño que la gente murmurara cuando Jesús fue a casa de Zaqueo, el recaudador de impuestos. Pero a pesar de que Zaqueo era un traidor, Jesús lo amó y tuvo de él misericordia, la salvación llegó a casa de un traidor!
Después de conocer a Jesús, Zaqueo se dio cuenta de que su vida necesitaba enderezarse. Dando a los pobres -con generosos intereses- a los que había engañado, Zaqueo demostró ese cambio interior que Dios hizo en él, por medio de una acción exterior.
En todo lugar, ciertos grupos de personas son considerados «intocables» por sus opiniones políticas, su comportamiento inmoral o su estilo de vida. No debemos ceder a la presión social para evitar a estas personas. Ellos también necesitan escuchar el Evangelio.
Profesar fe o seguir a Jesús sólo con la cabeza no es suficiente. Debes demostrar tu fe con un cambio de conducta. Este cambio solo es posible por la obra del Espíritu Santo en nosotros. ¿Se ha traducido tu fe en acción?
El Señor Jesús vino para salvar a los perdidos, independientemente de su origen o modo de vida anterior. A través de la fe, los perdidos pueden ser perdonados y hechos nuevos. Nuestra manera de vivir y el uso que damos a nuestros recursos materiales (como hizo Zaqueo), pueden ser de gran testimonio para que otros vengan a Cristo.
