Lectura Bíblica: Salmo 49
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La vanidad de la riqueza resuena en este salmo. Los vs. 7, 8, 15 nos recuerdan que en el mercado de esclavos del mundo antiguo, un esclavo tenía que ser redimido (alguien tenía que pagar el precio) para poder quedar libre.
En Marcos 10:45 aprendemos que Jesús pagó ese precio para que pudiéramos ser liberados de la esclavitud del pecado a fin de comenzar una nueva vida con él. No hay manera de que una persona compre la vida eterna. Sólo Dios puede redimir un alma. No cuentes con la riqueza y las comodidades físicas para mantenerte feliz porque nunca tendrás suficiente riqueza para no morir.
Los ricos y los pobres se parecen en que cuando mueren, dejan todo lo que poseen aquí en la tierra, sea mucho o sea poco. En el momento de la muerte (y todos enfrentaremos ese momento), tanto ricos como pobres están desnudos y con las manos vacías ante Dios. Las únicas riquezas que tenemos en ese momento son las que ya hemos invertido en nuestra herencia eterna.
En el momento de la muerte, cada uno de nosotros deseará haber invertido menos en la tierra, donde debemos dejarlo, y más en el cielo, donde lo conservaremos para siempre.
Para tener un tesoro en el cielo, debemos poner nuestra fe en Dios, comprometernos a obedecerle y utilizar nuestros recursos para el bien de otros y de su Reino. Este es un buen momento para revisar tus inversiones y ver dónde has invertido más.
No somos bestias, pero al igual que los animales, todos enfrentaremos la muerte. Es inevitable y debemos estar preparados. Dios nos librará de la tumba y nos recibirá en su seno (49:15) si confiamos en él, y no en nuestras riquezas, para salvarnos. No seamos insensatos y brutos (49:10), sino sabios atendiendo a Dios.
