Lectura Bíblica: 1 Corintios 10:23-33 (v.31)
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Los versos 28 y 29 señalan el deber de cuidar de la conciencia del otro. ¿Por qué debería limitarnos la conciencia de otra persona? Simplemente porque debemos hacer todas las cosas para la gloria de Dios, incluso nuestro comer y beber.
Nada de lo que hagamos debe hacer tropezar a otro creyente. Hacemos lo que es mejor para los demás, en busca de que sean salvos. También debemos ser sensibles al significado de nuestras acciones para los nuevos cristianos, que están tratando de renunciar a las costumbres pecaminosas del pasado y vivir para Cristo.
Sin embargo, también debemos decir que los cristianos no debemos dedicarnos a ser personas ofendidas con conciencias hipersensibles. Los creyentes no deben proyectar sus normas sobre los demás. Muchos creyentes que han sido cristianos por años todavía son hipersensibles y juzgan a otros en lo que hacen o dejan de hacer.
En cambio, tanto los líderes y maestros como todos los cristianos, debemos enseñar cuidadosamente acerca de la libertad que tenemos los cristianos en asuntos que no están expresamente prohibidos por las Escrituras. (Según lo aprendemos de nuestra confesión de fe de 1689 – De la libertad cristiana y libertad de conciencia.)
Los cristianos nuevos o débiles no deben permanecer en un estado débil o sensible, sino que deben crecer en madurez y discernimiento, no sea que resulten ser una carga innecesaria para la libertad de otros y para la iglesia de Cristo.
Sin embargo, y ante todo debemos recordar que nuestras acciones deben estar motivadas por el amor de Dios para que todo lo que hagamos sea para Su gloria y no causen divisiones entre los hijos de Dios.
Mantengamos esto como principio rector preguntándonos: ¿Esta acción glorifica a Dios?» o «¿Cómo puedo honrar a Dios a través de esta o aquella acción? o «¿esto o aquello afectará negativamente la conciencia de mi prójimo»?.
En esta época del «primero yo, segundo y y tercero yo«, debemos marcar la diferencia pensando primero en los demás y no en nosotros mismos. Si hacemos del bien de los demás uno de nuestros principales objetivos, desarrollaremos una actitud de servicio que agrada a Dios.
