Lectura Bíblica: 1 Ped. 4:7-11 (v.11)
Ayuda:
Los dones son dados por Dios y por tanto han de ser usados para Dios, dedicados a Dios. El apóstol Pedro lo dice de la siguiente manera:
Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. [1 Pedro 4:11]
Cada creyente ha recibido un don del Señor, alguna función especial que desempeñar como miembro del Cuerpo de Cristo. Los dones no deben utilizarse para beneficio propio, sino para la gloria de Aquel que los dio y para el bien de los demás.
Lo anterior significa que no estamos destinados a ser los terminales o fines de los dones de Dios para nosotros; Su gracia nos ha alcanzado pero no debe terminar con nosotros. Fuimos destinados para ser canales a través de los cuales la bendición de Dios alcance a otros.
Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. [1 Pedro 4:10]
La multiforme gracia de Dios es el favor inmerecido que Él nos ha dado en Cristo y que ofrece a todo ser humano que se arrepienta. De modo que nuestros dones y talentos deben ser usados para conducir al pecador al arrepentimiento ante Dios a fin de que ponga en Cristo la fe y sea salvo de la ira venidera. En una palabra, nuestros dones deben conducir a la conversión del pecador.
¿Cómo se glorifica a Dios cuando utilizamos nuestras habilidades? Cuando las usamos como él nos indica, para traer a otros a Jesús. Pedro pudo haber estado pensando en las palabras de Jesús, que dijo:
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. [Mateo 5:16]
La meta final de nuestros dones es que Dios sea glorificado en el uso que hagamos de ellos. Los dones no son para nuestra gloria, sino para la gloria de Dios. Si los usamos para que otros vengan a Jesús, entonces aquellos que se conviertan se unirán a la iglesia de Cristo y adoraremos juntos a Dios por su Hijo Jesucristo «…a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén».
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