Lectura Bíblica: 2 Cor. 8.1-7 (v.5)
Ayuda:
La gracia de dar. Pablo, escribiendo desde Macedonia, esperaba que la noticia de la generosidad de estas iglesias animara a los creyentes corintios.
Durante su tercer viaje misionero, Pablo había recaudado dinero para los creyentes empobrecidos de Jerusalén. Las iglesias de Macedonia -Filipo, Tesalónica y Berea- habían dado dinero a pesar de ser pobres, y habían dado con sacrificio más de lo que Pablo esperaba. Aunque ellas mismas eran pobres, querían ayudar.
El Reino de Dios se extiende a través de la preocupación y el afán de los creyentes por ayudar a los demás. Aquí vemos a varias iglesias que se unen para ayudar a otros más allá de su propio círculo de amigos y de su propia ciudad.
¿Cómo damos? ¿Por qué damos? Al dar lo importante es por qué lo hacemos y cómo damos. Dios quiere que demos como lo hacían estas iglesias: por dedicación a Cristo, por amor a los creyentes, por la alegría de ayudar a los necesitados y porque esto glorifica a Dios.
Los creyentes corintios abundaban «en todo» tipo de don: tenían fe, predicaban, tenían conocimiento, entusiasmo y amor. El llamado que hace ahora Pablo es a que también sobresalieran en la gracia de dar.
El verdadero discipulado, ser imitadores de Cristo, incluye crecer en el uso maduro de todos los recursos, por lo que el dar también debe ir creciendo conforme crecemos en la fe. Una saludable petición de oración a nuestro Dios es:
«Señor, aumenta en nosotros no solo la capacidad para dar sino también la disposición del corazón para hacerlo.»
