Lectura Bíblica: Rom. 12.1; 1 Cor. 6:12-20 (v.19-20)
Ayuda:
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. [Romanos 12:1]
Dios creó el sexo para que fuera un ingrediente hermoso y esencial del legítimo matrimonio entre un hombre y una mujer, pero el pecado sexual – el sexo fuera de la relación matrimonial o todo tipo de impureza sexual o contraria al diseño original de Dios – siempre lastimará a alguien.
Primero: Ofende a Dios porque muestra que preferimos seguir nuestros propios deseos en lugar de la guía de Su Espíritu Santo expresada en su Santa Palabra.
Segundo: Hiere a otros porque viola el compromiso tan necesario para una relación. Incluso, a menudo trae enfermedades a nuestro cuerpo. Y afecta profundamente a nuestra personalidad, que responde con angustia cuando nos dañamos física y espiritualmente.
Lo anterior quiere decir que todo pecado siempre afectará, tarde o temprano, a otros y no solo a nosotros mismos.
Muchas personas dicen que tienen derecho a hacer lo que quieran con su propio cuerpo. Aunque piensan que esto es libertad, en realidad están esclavizados a sus propios deseos. Pero en 1 Corintios 6:19–20, Dios le dice a Su pueblo:
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
¿Qué quería decir Pablo cuando afirmaba que nuestro cuerpo le pertenece a Dios?Cuando fuimos convertidos en cristianos, el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros. Por lo tanto, ya no somos dueños de nuestros cuerpos. Que hayamos sido «comprados por precio» se refiere a los esclavos comprados en una subasta.
La muerte de Cristo nos liberó del pecado, pero también nos obliga a su servicio. Si vives en un edificio propiedad de otra persona, procura no violar las normas del edificio. Como tu cuerpo pertenece a Dios, no debes violar sus normas de vida. El Señor es nuestro Dueño y es a Él ante quien daremos cuenta de lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo.
Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 1 Tes 5:23.
