Lectura Bíblica: Ef. 5:1-12 (v.1-2)
Ayuda:
Para dar de nosotros mismos primero es necesario crucificar nuestro «yo», morir a nosotros mismos, para la gloria de Dios y el bien de otros.
Crucificar nuestro «Yo» por Amor a Dios y a otros. Así como los hijos imitan a sus padres, nosotros hemos de imitar a nuestro Padre que está en los cielos. Su gran amor le llevó a sacrificarse para que nosotros pudiéramos vivir. Nuestro amor por los demás debe ser del mismo tipo: un amor que vaya más allá del afecto y se convierta en un servicio abnegado.
Crucificar nuestro «Yo» con un hablar propio de los hijos de Dios. La imitación de Dios tiene que ver también con nuestro hablar. Palabras obscenas y chistes groseros son tan comunes que empezamos a darlos por hecho y como algo «normal». Sin embargo, Pablo nos advierte que el lenguaje indecoroso no debe tener cabida en la conversación del cristiano, pues así no imitamos a Cristo.
Crucificar nuestro «Yo» al compartir con otros. Pablo no prohíbe todo tipo de contacto con los no creyentes. Pablo, en cambio, nos llama a tener cuidado de no adoptar sus costumbres y conductas pecaminosas. Necesitamos compartir un poco con los no creyentes a fin de llevarlos a Cristo, pero debemos tener cuidado no sea que tales personas influyan en nosotros para el mal.
Como hombres y mujeres que hemos recibido la luz del Señor, nuestras acciones deben reflejar nuestra fe. Mateo 5:16, dice:
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
