TEMA CENTRAL
Las medidas que Jesús puso a su amor por pecadores son abrumadoras e irrepetibles. Nadie nos ha amado de la manera en la cual Jesús amó a los que son suyos. ¡Y qué gozo ser de Él! ¿Verdad?
BASE BÍBLICA
Juan 13:1-20, Marcos 10:45; Mateo 20:28; Juan 15:13; Romanos 5:8
LECCIÓN BÍBLICA
Hemos visto que la promesa del Salvador era para pecadores de todas las familias de la tierra. El Salvador prometido vino a salvar a todo tipo de pecadores.
Pecadores como tú y como yo, sin importar dónde nacimos ni cuánto hemos pecado.
Jesús estaba formando un solo pueblo compuesto por personas de todos los pueblos que se arrepentían y creían las buenas noticias de salvación. Jesús sigue añadiendo personas de toda nación a ese pueblo formado por aquellos que el Padre escogió.
Vamos a leer Juan 13:1 “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para que pasara de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. (Biblia Textual)
Así como llegó el tiempo que Dios había escogido para que su Hijo Jesús viniera a la tierra, llegó el tiempo en el cual Jesús tenía que completar la tarea que Su Padre le había encomendado. Para el momento en que ocurre esta historia Jesús ha pasado más o menos tres años con este grupo de 12 seguidores o discípulos. Ellos habían pasado todo este tiempo junto a Jesús y habían desarrollado una amistad cercana con Él.
Ya Jesús no está con las multitudes, ni caminando de pueblo en pueblo anunciando las buenas noticias de salvación. Acabamos de leer que Jesús sabía que le quedaba poco tiempo. Así que estaba reunido con Sus discípulos. También leímos unas palabras muy lindas: “habiendo amado a los suyos”.
¿Quiénes eran los Suyos? Los que le pertenecían porque el Padre se los había dado. Aquellos que Su Padre escogió antes de que todas las cosas fueran creadas.
Aquellos a quienes vino a salvar. A esos los amó. No era un amor chiquito, no era un poquito de amor. No era un amor débil. No era un amor temporal. Dice la Biblia que Jesús “los amó hasta el extremo”. Esto significa que los amó tanto que no se puede medir. Es un amor que nunca terminará, que no tiene límites.
Entonces Jesús comienza a despedirse de una manera especial de sus discípulos. Tomó una toalla y un recipiente con agua y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. En los tiempos de Jesús, los zapatos que se usaban no eran como los nuestros. Ellos usaban sandalias y sus pies se ensuciaban con el polvo del camino,
pues las calles no estaban pavimentadas. Así que era una costumbre poner a un esclavo, a un sirviente, para hacer el trabajo de lavar los pies de los invitados. Los dueños de la casa no hacían este trabajo porque lo consideraban indigno, sucio, humillante.
Pero Jesús era humilde. Jesús amaba a sus discípulos y lo que estaba haciendo tenía un mensaje sin palabras para ellos. Cuando Jesús terminó de lavar los pies de sus discípulos les dijo: “¿Entienden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman “Maestro” y “Señor” y tienen razón, porque es lo que soy. Y, dado que yo, su Señor y
Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes”. Juan 13:12- 15 Cuando Jesús estaba lavando los pies de sus 12 discípulos sabía muy bien lo que cada uno de ellos iba a hacer en las próximas horas. Jesús sabía que uno de sus
discípulos lo iba a traicionar y lo vendería por 30 monedas de plata, y aun así Jesús lavó sus pies. Jesús sabía que uno de sus discípulos iba a jurar que no lo conocía, sin embargo, Jesús lavó sus pies. Jesús sabía que todos lo iban a dejar solo en un momento difícil, pero Jesús lavó los pies de todos. Jesús amó a los suyos hasta el
extremo. Miren lo que dice la Biblia:
Juan 15:13 “Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos”.
Romanos 5:8 “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
¿No es asombroso esto que encontramos en la Palabra de Dios? Algunas veces tú y yo decimos que amamos a una persona, por ejemplo, a nuestros padres, pero nos da pereza servirles un vaso con agua. Decimos que amamos a ciertas personas, pero nos cuesta mostrarles bondad porque siempre pensamos primero en
nosotros mismos.
Pero el amor de Jesús de verdad fue hasta el extremo. No merecemos tal amor del Salvador. Una y otra vez, de distintas maneras y con diferentes acciones, Jesús afirmó que Él era el Salvador que había sido prometido y que había venido para rescatar a muchos, a los suyos. Eso es lo que afirma el versículo que aprenderemos
hoy de memoria.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
Mateo 20:28 “… el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos”.
Material para desarrollar:
